El reto
europeo y las normativas de
calidad para los productos obligan a muchas empresas a adoptar
comportamientos más creativos, que al mismo tiempo deben
responder a unos criterios de racionalidad y sostenibilidad que
no pueden dejarse a la improvisación o intuición.
Un profundo conocimiento del usuario de sus productos o servicios,
un máximo aprovechamiento de los recursos productivos y
avances tecnológicos, el respeto con el medio ambiente y
la consecución de ventajas diferenciales que sean realmente
apreciadas, son las bases de la estrategia competitiva. Estas ventajas
deben encontrarse en el producto, en el servicio, en el marketing
y en la imagen global de la propia empresa.
En este contexto el diseño es un instrumento estratégico
imprescindible para la dirección de una empresa u organización
moderna.
En una era en que las empresas compiten con los mismos precios
y atributos, el diseño llega incluso a ser la única
variable que distingue, y la innovación el factor decisivo |